Nuevo año: deseos y propósitos para mejorar la educación

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.

…¡Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.

Ángel González. Porvenir.

Estamos iniciando un nuevo año y después de tres semanas de ausencia en este espacio de Educación personalizante cuesta mucho trabajo retomar el hilo de la conversación con los lectores y tratar de decir algo medianamente original, digno de un tiempo nuevo.

Estoy pues ahora mismo, enfrentando la llamada “angustia de la página en blanco”. Enfrento esta angustia que es recurrente cada domingo que me siento a escribir esta columna pero que se agudiza hoy como cada vez que hay un receso prolongado.

Pensándolo un poco, esta sensación incómoda y estresante de tener enfrente una página por escribir es similar a la de todos nosotros los seres humanos cuando iniciamos un nuevo ciclo vital, una nueva etapa de nuestra existencia, un nuevo año como este primero de enero o para los que están inmersos en la new age y creen en las profecías de los mayas, una nueva era para la humanidad como la que supuestamente inició el 21 de diciembre pasado.

Porque como decía una imagen que circuló ampliamente por las redes sociales: ¿Qué nos traerá el año nuevo? Trescientas sesenta y cinco oportunidades, es decir, muchos días y semanas en blanco que tendremos que escribir por nosotros mismos, con la intervención de los que nos rodean, de la sociedad y la humanidad toda en que vivimos y también sin duda, del azar.

Estamos entonces ante un horizonte abierto, un camino por recorrer, una libreta por llenar de historias que van configurando la Historia. Nos encontramos, por una convención mundialmente aceptada puesto que lo mismo ocurre cada día así sea 25 de marzo o 7 de agosto, de cara al porvenir que como dice el poeta nunca viene y por eso lo seguimos esperando e imaginando “aún, todavía, siempre”.

Ya llevo casi la mitad del espacio de esta columna y no logro concretar una idea novedosa. Digamos entonces que puedo intentar lo que todos hacen en la frontera entre un año y otro, es decir, hablar de los deseos y de los propósitos para este nuevo año, para este conjunto de oportunidades, de páginas en blanco por llenar. Como esta columna trata de educación, haré el ejercicio de escribir sobre los deseos y propósitos para que en este nuevo año podamos avanzar unos pasos cuando menos hacia la construcción de una educación de mejor calidad tanto en lo académico como en lo humano (ético, social, afectivo, estético, lúdico, cultural, espiritual).

En primer lugar debo decir que deseos y propósitos de año nuevo no son lo mismo pero están intrínsecamente ligados, inseparablemente relacionados de manera que se influyen mutuamente.

Los deseos tienen que ver con nuestras utopías, con ese mundo al que aspiramos, al que queremos llegar y en ese sentido son los motores que nos mueven para avanzar en la escritura de estas páginas en blanco que son las veinticuatro horas de cada nuevo día y los trescientos sesenta y cinco días de cada nuevo año.

Los propósitos en cambio son decisiones que tomamos, rumbos que definimos, compromisos que hacemos principalmente con nosotros mismos pero también con los demás –independientemente de si los cumplimos o, como suele ocurrir, los olvidamos-, por lo que constituyen los ciclos de acción que emprendemos para que los deseos lleguen a realizarse.

De este modo, los deseos sin propósitos se vuelven meros ejercicios de fantasía porque nunca actuamos para que se cumplan y los propósitos sin deseos simplemente no pueden existir porque serían compromisos vacíos de sentido, sin una orientación definida. Si hacemos el propósito de algo, es porque deseamos llegar a alguna parte.

Pero el espacio se agota y no hemos entrado a la educación. Tomemos como ejemplo los deseos que el portal Educación a debate planteó en diciembre para la educación mexicana en el 2013 y hagamos después una reflexión sobre los propósitos que tendríamos que hacer los actores del sistema educativo para aproximarnos hacia su realización.

Estos son los propósitos principales, sin respetar el orden en que los publicó el portal:

  • “Que haya divulgación de los nuevos medios educativos
  • Que todos los niños accedan a la misma calidad educativa
  • Que se inicie la batalla definitiva contra el rezago educativo y el analfabetismo.
  • Que al fin sepamos cuántas escuelas y maestros hay en el país.
  • Que 2013 sea el año de la rendición de cuentas de los manejos presupuestales y del dinero que se entrega al SNTE.
  • Que la permanencia en el trabajo docente se garantice siempre y cuando los maestros salgan bien evaluados.
  • Que se acaben en serio las plazas vitalicias.
  • Que el logro académico en el aula sea la base para evaluar el desempeño académico de los maestros.
  • Que el estado cumpla con capacitar más y mejor a los maestros.
  • Que la educación normalista se modernice para formar mejores profesores”.

Seguramente podemos agregar muchos otros buenos deseos para nuestra educación en 2013, como por ejemplo: que haya una participación responsable y comprometida de los padres de familia, que las escuelas tengan mayor autonomía de gestión, que los directores escolares se capaciten para ejercer un liderazgo democrático y efectivo en sus escuelas, que los supervisores se vuelvan facilitadores de los procesos educativos de sus zonas escolares y dejen de ser inspectores y controladores de documentos y actividades accesorias, etc.

Sin embargo, es importante que cada persona que participa en procesos educativos trate de pensar estos deseos ligados a propósitos de cambio concreto en sus prácticas y criterios de acción. Solamente así podemos completar el ciclo que une la motivación y la visión con el compromiso y la acción. Esta es la condición imprescindible para que los buenos deseos no sean simples ejercicios de fantasía o escenarios que vemos como responsabilidad única de las autoridades, totalmente ajenos a nuestras acciones cotidianas.

Este ejercicio de ligar los deseos a los propósitos –tratando de cumplirlos- tiene que ver con el doceavo deseo de Educación a debate: “Que todos los actores educativos no olviden que en sus manos está el futuro de nuestro país”. Ojalá no lo olvidemos para que podamos construir páginas brillantes de nuestra educación. Feliz 2013 a todos los lectores.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

Columnas Anteriores

[display-posts category=»educacion-personalizante» posts_per_page=»-15″ include_date=»true» order=»ASC» orderby=»date»]

Lado B: Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx