La educación en el mundo líquido: desafíos para la reforma que viene

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Martín López Calva

@M_Lopezcalva

 

“…el cambio actual no es como los cambios del pasado. En ningún otro punto de inflexión de la historia humana los educadores debieron afrontar un desafío estrictamente comparable con el que nos presenta la divisoria de aguas contemporánea. Sencillamente nunca antes estuvimos en una situación semejante. Aún debemos aprender el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información. Y también debemos aprender el aún más difícil arte de preparar a las nuevas generaciones para vivir en semejante mundo’’. Z. Bauman (2008)[i] 

El tema educativo de estos tiempos en nuestro país es sin duda el de la reforma educativa. Hemos dedicado ya varios espacios de esta columna a analizar algunos aspectos que consideramos importantes de la propuesta hecha por el gobierno federal entrante que a partir de la semana pasada, al aprobarse en dieciocho congresos estatales ya es constitucional y empezará a ser aplicada.

Precisamente porque una vez aprobado el marco legal para reformar estructuralmente el sistema educativo inicia ahora la etapa de construcción de su contenido, resulta indispensable pensar como sociedad los desafíos a los cuales deberá responder la educación de las nuevas generaciones de mexicanos en este mundo líquido que nos ha tocado vivir.

Como afirma Bauman en la cita que aparece como epígrafe, el mundo ha estado siempre sujeto a cambios  la educación se ha ido adaptando razonablemente a ellos pero el cambio actual es mucho más profundo que la mayoría de los cambios del pasado –no en vano muchos hablan de un cambio de época o de una transición histórica- y la educación y los educadores tenemos que aprender hoy a vivir en un mundo sobresaturado de información y debemos aprender –o quizá construir juntos- el difícil arte de preparar a las nuevas generaciones para semejante mundo.

Un mundo sobresaturado de información, un mundo que fluye continuamente, un mundo líquido es el que vivimos los seres humanos de estas primeras décadas del siglo XXI y vivirán seguramente las generaciones futuras. El mundo estable, sólido, más permanente que vivieron todavía nuestros padres ha quedado atrás irremediablemente.

Este nuevo mundo está cuestionando los cimientos más profundos sobre los que descansa la educación y obliga a plantearnos reformas de fondo, no solamente para superar rezagos históricos en cuestiones de calidad sino sobre todo para adecuar lo que sucede en las aulas a las nuevas realidades de este mundo líquido en que hoy nacen y se desarrollan nuestros niños y jóvenes.

En el ámbito del intelectual, Bauman afirma en su libro que el conocimiento antes tenía validez porque se esperaba que durara. Un padre de familia enviaba a su hijo a X escuela porque allí le iban a enseñar cosas que le durarían toda la vida. Sin embargo hoy han perdido valor las posesiones duraderas. Así como la “Obsolescencia programada” que caracteriza a la industria actual hace que los objetos –autos, computadoras, televisores, etc.- estén diseñados y fabricados para durar unos pocos años y ser sustituidos rápidamente por otros, así también el mundo actual pone en entredicho la solidez y duración del conocimiento.

El conocimiento hoy se ajusta al uso instantáneo y se concibe para ser utilizado una sola vez, se convierte también en una mercancía desechable de uso inmediato, lo que cuestiona de raíz la esencia misma de la escuela y la universidad.

La memoria adquiere también un papel distinto y mucho menos valioso que en el pasado. Antes se educaba para no olvidar, porque el conocimiento era sólido y estable pero hoy el conocimiento fluye, cambia continuamente y se renueva por completo en pocos años, de manera que lo que un alumno aprende en la escuela ya no es válido para el tiempo en que egresa de la escuela. La memoria ya no es una facultad importante en la mente de la persona porque hoy no resulta relevante conservar la información. Hoy se dice que algo “lo tenemos en la memoria” para referirnos a una unidad USB, un disco portátil o un CD, es decir, hoy la memoria está en un objeto externo a la mente humana.

En esta avalancha de información, en este fluir constante del conocimiento el riesgo permanente que vive una persona es el no poder distinguir el trigo de la paja, según plantea el mismo Bauman. De manera que la educación hoy debe ser reformada no para que brinde a los estudiantes más conocimientos sino para que desarrollen las habilidades necesarias para poder distinguir, en la avalancha de información, la que es válida de la que no lo es y para poder procesarla, relacionarla, interpretarla, cuestionarla críticamente y aplicarla ya sea en un ámbito práctico o en la construcción de marcos teóricos dinámicos.

Lo mismo ocurre en el ámbito de los valores. Hoy han perdido validez las posesiones duraderas e inmutables y por eso mismo, no tienen mucha pertinencia los marcos valorales estables sobre los que está construido el sistema educativo tradicional.

Los seres humanos del presente viven lo que Bauman llama “el síndrome de la impaciencia”, que se manifiesta en que todo se quiere obtener de manera rápida, instantánea. Esperar se ha convertido en algo intolerable dice este pensador contemporáneo y por lo tanto, la posposición de la satisfacción, elemento clave en la disciplina, según analiza Scott Peck, es algo que se ha perdido. La consecuencia de este síndrome es la creciente intolerancia a la frustración que padecen los niños y jóvenes de esta época y que provocan muchas veces los mismos padres de familia sobreprotectores y tolerantes en exceso.

El compromiso se ha vuelto una virtud abstracta que no es comprendida ni vista como posible en la vida actual puesto que implica precisamente paciencia, posposición de la satisfacción y tolerancia a la frustración.

Pero esta incapacidad de comprometerse, esta impaciencia crónica y este deseo de tenerlo todo de inmediato y sin ningún esfuerzo o sacrificio está generando seres infelices, personas incapaces de convivir con los demás comprendiéndolos y también incapaces de conocerse y relacionarse con ellos mismos.

De manera que la formación valoral o ética en el mundo líquido resulta más necesaria que nunca pero no puede ser efectiva ni tener impacto si se piensa como la enseñanza de marcos o escalas de valores estables, rígidos y permanentes.

La formación valoral en el mundo líquido tiene que ser una educación de la capacidad de decidir responsablemente en circunstancias cambiantes, complejas y muchas veces contradictorias, una educación de la libertad más que una inculcación de valores.

Una característica adicional que señala Bauman en su libro es la del cambio contemporáneo que es de naturaleza errático e impredecible. El mundo de hoy cambia pero lo hace sin un patrón o un modelo que nos permita anticiparlo, planificarlo, controlarlo. El cambio contemporáneo nos enfrenta a la idea moriniana de que “el futuro se llama incertidumbre”.

Es por ello que la educación reformada debe ser una educación que además de preparar a las nuevas generaciones para vivir en un mundo sobresaturado de información, prepare también a los ciudadanos del futuro para vivir en un mundo marcado por la incertidumbre y ser capaces de construir responsablemente una vida humana y promotora de humanización.


[i] Bauman, Z. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Barcelona: Gedisa. 2008. p. 46.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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