
Imagen: http://www.hijos-capital.org.ar
“Hubo un tiempo en que nos podíamos cruzar al genocida Alfredo Astiz –o a cualquier otro– en un bar, caminando por la calle, en la panadería, en un banco, donde fuera”, escribió la organización HIJOS, en un artículo de opinión publicado en febrero de este año en Página 12.
La mayoría de los condenados en el segundo juicio han vuelto al banquillo en el tercero, entre ellos Jorge Acosta, alias El Tigre; así como Alfredo Astiz, quien el 20 de febrero del 2000 fue convocado para ser juzgado en Tribunales “pero sólo por unas declaraciones a una periodista”, señala la organización.
Fue en 1994 cuando un grupo de ex alumnos de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de la Plata realizó un homenaje llamado “Recuerdo, memoria y compromiso”, a los muertos y desaparecidos de esa Facultad durante la dictadura de la década de los 70.
Se estima que durante ese período las fuerzas del gobierno peronista hicieron desaparecer 30 mil personas, aunque la lista oficial cuenta con 13 mil desaparecidos registrados.
En noviembre inició el mayor juicio a represores de la “guerra sucia” en la dictadura cívico-militar argentina (1976/83), el tercero que se ha realizado desde que en 2003 se abrió la posibilidad de juzgar a los genocidas y la organización HIJOS emprendió el camino legal: “Nada fácil, pero sí necesario, justo, reparador. La decisión histórica del entonces presidente Néstor Kirchner reconoció en una política de Estado la lucha del pueblo por memoria, verdad y justicia”.
El juicio iniciado el mes pasado en el que sesenta y ocho marinos y civiles estarían en el banquillo, acusados de 789 crímenes contra la Humanidad en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), continúa llevándose a cabo ya que durará dos años y declararán casi 900 testigos para que los responsables por los llamados “Vuelos de la Muerte” rindan cuentas por sus hechos.
“Quien caía secuestrado por la dictadura podía tener tres destinos: que lo liberaran después de unos días o unos años, que lo fusilaran o que muriera en plena tortura o como punto final de esta. Los cuerpos eran enterrados como NN, o entregados a sus familiares como guerrilleros muertos en combate o arrojados al Río de la Plata, al Atlántico o al delta del río Paraná”, da a conocer El País.
Continúe leyendo el artículo de El País, titulado “Rostros de los vuelos de la muerte” en el siguiente link.
EL PEPO