El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres

Alejandro Badillo

¿Puede una máquina pensar? es la pregunta central de El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres, un magnífico recorrido histórico donde autores de distintas épocas sondean las posibilidades pero también los terrores de la inteligencia artificial. Las máquinas pensantes nos remiten, en primera instancia, a escenarios futuristas planteados por una larga lista de películas de ciencia ficción. “Hal” de 2001 Odisea del espacio, los replicantes de Blade Runner, o David Swinton, el niño-robot de la película Inteligencia artificial son ejemplos de esto.

Introducción de Patrick J. Gyger. Editorial Impedimenta. 1era edición, 2009.

Más allá del artificio hollywoodense, el frenesí de un mundo cada vez más inmerso en la tecnología nos ofrece casos como el de Deep Blue, una potente computadora que derrotó al campeón mundial de ajedrez, Gary Kasparov en 1996, después el ajedrecista dejaría el marcador final en 4-2 aunque más tarde fue nuevamente derrotado por la máquina. La inquietud en el hombre por desarrollar complejos mecanismos no es reciente: el “carro que mira al sur”, es considerado por muchos como el primer autómata de la historia. Se trataba de un carro con una estatuilla en la parte superior cuya virtud —gracias a exactos engranajes— era indicar siempre al sur sin importar la dirección que tomara el carro. La primera mención que se hace de este ingenioso artefacto aparece en un texto chino del siglo VI.

El afán del hombre por crear máquinas pensantes también incluía una representación exacta del cuerpo humano y de sus funciones. En La Ilustración el hombre era visto como un delicado mecanismo de relojero el cual —mediante la razón y la ciencia— podía ser asimilado y reproducido. El rival de Prometeo recoge las célebres invenciones de Jaques Vacuanson que en 1737 construyó El Flautista, una figura de tamaño natural de un pastor que tocaba el tambor y la flauta. También creó El Tamborilero y el famoso pato con aparato digestivo, considerada su pieza maestra. El pato tenía más de 400 partes móviles, podía batir sus alas, beber agua, digerir grano y defecar, aunque esta última acción era posible gracias a un truco que consistía en depositar excremento artificial en un apartado especial de donde caía puntualmente en una bandeja de plata. Superior en fama fue El Turco también conocido como El hombre que siempre ganaba, un autómata construido por Wolfgang von Kempelen en 1769. El Turco era un experto jugador de ajedrez que, incluso, había derrotado a Napoleón. El autómata llevó una vida itinerante en ferias y exhibiciones sorprendiendo a la gente y sembrando polémica entre los estudiosos que no acertaban a develar el enigma. Incluso Edgar Allan Poe escribió un largo ensayo tratando de resolver el misterio. El truco, revelado mucho tiempo después, consistía en un sistema de espejos ingeniosamente dispuestos para ocultar a un experto ajedrecista que guiaba los movimientos del autómata.

El rival de prometeo no sólo explora el artilugio mecánico sino pasa revista al temor, la extrañeza que el autómata ha inspirado en la literatura. En “El hombre de la arena”, relato de E.T.A. Hoffmann, un joven a punto de casarse —sometido al embrujo de un vendedor de barómetros— pierde la cordura por Olimpia, una autómata de excepcional belleza incapaz de pensar o hilar una frase. A pesar de esta deficiencia el joven casadero está convencido de que Olimpia es humana y olvida a su prometida para pedir la mano de Olimpia. El desengaño final genera episodios de locura que terminan con la muerte del amante. En uno de los capítulos de El rival de Prometeo, Freud analiza el relato de Hoffmann en un ensayo donde el concepto de lo “siniestro” es considerado primero en términos lingüísticos “lo no familiar” (Unheimlich) y después llevado —siguiendo la trama del “Hombre de la arena”— como “la duda sobre si en verdad es animado un ser en apariencia vivo, y a la inversa, si no puede tener alma cierta cosa inerte”.

La pertinencia de un libro como El rival de Prometeo es llevar al autómata del anecdotario a la reflexión sobre la condición del hombre y su lugar en el mundo. El autómata, con sus delicados artilugios, con su cuerpo lleno de engranajes, es un espejo que interroga, que desde su mutismo indaga las debilidades del hombre.

Columnas Anteriores

[display-posts category=»el-increible-devorador-de-libros» posts_per_page=»-1″ include_date=»true» order=»ASC» orderby=»date»]

Lado B: Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx