Enseñar la comprensión: Un saber fundamental para sanar al país

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Martín López Calva

@M_Lopezcalva

Muchos años de violencia creciente recrudecidos en el sexenio que termina, siglos de desigualdad y exclusión que han llevado a la polarización y el resentimiento social, un proceso histórico que fue construyendo las bases de la intolerancia ideológica y política y un sistema económico consumista que plantea el culto al tener y al competir y una cultura individualista que pregona el mirar por el propio bienestar aún a costa del derecho del prójimo, tienen atrapada a la sociedad mexicana en una espiral de descalificación, insulto, discriminación y desconocimiento hacia todo aquel que piensa o vive diferente.

El proceso electoral reciente, aún no concluido en todas sus etapas legales y el comportamiento de los diversos actores políticos han agudizado esta dinámica de tensión y polarización social al grado de que empiezan a verse fracturas en las relaciones de afecto entre personas cercanas por diferencias políticas, ideológicas, religiosas o de posición económica.

En el ámbito de lo político, esta intolerancia tiene sus orígenes en la época de la Reforma a la que Luis González y González llamó el “tiempo eje mexicano” y que según Enrique Krauze alteró la matriz teológico-política de la nación y generó la “mímesis” que dio origen al talante intolerante del estado liberal, que fue derivando históricamente en diversos modos de intolerancia ya no exclusivos de los grupos conservadores ligados a la iglesia católica jerárquica sino también de los grupos revolucionarios y pos-revolucionarios y de las corrientes de la izquierda.

No es motivo de este espacio hacer una descripción o análisis detallado de lo que Krauze plantea como “Los orígenes de la intolerancia mexicana” sino simplemente citar este ensayo como un ejemplo de análisis de un fenómeno que todos podemos constatar en nuestra sociedad nacional actual dividida por las elecciones entre antipanistas, antipriistas, antiperredistas, antipeñistas, antielbistas, antiamloístas, etc.

Aunque la intolerancia no es exclusiva de nuestro país y hemos visto a lo largo de la historia todas las atrocidades que ha causado, esto no implica dejar pasar este fenómeno y no tomar medidas para contrarrestarlo precisamente por todo el daño que ha causado a la humanidad durante milenios y sobre todo por la creciente ola de exclusión y “guerra simbólica” e incluso física en la que estamos viviendo nuestra vida cotidiana.

El intelectual francés Edgar Morin señala en su ya emblemático libro: “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” que la enseñanza de la comprensión es uno de estos saberes fundamentales para construir una educación capaz de inhibir la megalomanía humana y de contribuir mediante la humanización a la superación de la “era de hierro planetaria” en la que estamos inmersos hoy en día.

Hay dos tipos de comprensión según Morin: la comprensión intelectual u objetiva que nos lleva a entender los fenómenos de la naturaleza y los objetos que nos rodean y que es propia de las ciencias y las humanidades, y la comprensión humana intersubjetiva que nos ayuda a entender a los demás seres humanos como otros diferentes pero iguales en dignidad a nosotros.

En el contexto de desastre educativo en que nos encontramos según las pruebas nacionales e internacionales resulta urgente trabajar para enseñar la comprensión intelectual, para facilitar en los estudiantes los procesos por los cuales entiendan el mundo que les rodea a través de un buen aprendizaje de las matemáticas, el lenguaje, las ciencias naturales y sociales, la computación, etc.

Sin embargo en el escenario de creciente ruptura del tejido social en que vivimos según muestran los medios de comunicación y los ejemplos de violencia irracional que suceden con alarmante frecuencia aunados a la también creciente ola de descalificaciones y agresiones que se leen cotidianamente en las redes sociales, resulta todavía más urgente orientar los esfuerzos y el talento de los docentes y directivos escolares hacia la enseñanza de la comprensión humana.

Comprensión significa captar todo en su conjunto, comprehender, es decir, ser capaz de entender las realidades naturales y humanas sin separarlas o excluir sus componentes, en su contexto concreto y como parte de un todo mayor. Comprender a los demás seres humanos implica por lo tanto no separarlos de su contexto ni verlos aislados del complejo tejido sociohistórico en el que se encuentran y del que nosotros también formamos parte.

Enseñar la comprensión implica luchar contra los obstáculos que impiden una buena comunicación como los ruidos, la polisemia de los conceptos, la ignorancia de los ritos y costumbres de otros, la incomprensión entre distintas culturas, la imposibilidad de comprender las ideas de una visión distinta del mundo o de entender una estructura mental diferente a la propia.

Pero contribuir al aprendizaje de la comprensión implica sobre todo luchar contra los grandes obstáculos actitudinales como son el etnocentrismo, el sociocentrismo y el egocentrismo.

Promover la comprensión intersubjetiva implica entonces trabajar para romper con los esquemas que llevan a las personas a considerar la propia raza, la propia sociedad y los propios intereses y comodidades personales como los únicos válidos y exigibles para todos. Enseñar la comprensión es abrir a las nuevas generaciones para romper sus prejuicios y buscar entender a los diferentes partiendo la premisa de considerarlos como iguales.

Estos obstáculos nutren los racismos, las xenofobias y los fanatismos religiosos, ideológicos y políticos que le niegan a los extranjeros, a los indígenas, a los que no comparten religión o visión del mundo, a los que piensan políticamente distinto y a los que votan por un partido o candidato diferente, su condición de humanos calificándolos con adjetivos que les niegan su dignidad y los ponen en condiciones de inferioridad moral frente a nosotros.

La enseñanza de la comprensión supone entonces una apertura a la escucha y a la consideración de los puntos de vista distintos y aún opuestos a los propios eliminando la condena a priori. El desarrollo de personas y grupos capaces de comprender y no condenar constituye la vía para la humanización de la sociedad y para la reconstrucción lenta y progresiva, siempre imperfecta pero nunca más necesaria, del tejido social de respeto y compromiso que requiere una sociedad democrática.

Nuestra sociedad reclama un esfuerzo urgente hacia la enseñanza de la comprensión porque como afirma Morin: “…Dada la importancia de la educación en la comprensión a todos los niveles educativos y en todas las edades, el desarrollo de la comprensión necesita una reforma planetaria de las mentalidades: esa debe ser la labor de la educación del futuro”.

 

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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Ver comentarios (1)

  • Gracias, Martín por compartir tu artículo. Creo que un reto todavía más difícil es la enseñanza y el aprendizaje de la comprensión de qué hacer. Cómo lo plantea nuestro querido amigo Pablo Latapí: "Las épocas de transición obligan a ampliar la consideración de los futuros posibles y a escoger entre ellos. Es verdad que hay un futuro necesario que se nos impone y otro aleatorio, que escapa a las previsiones: pero junto a ambos, asoma también la pequeña rendija del futuro voluntario, el que es objeto de opciones colectivas y se asume como tarea por construir"
    Un abrazo