“Ahora les vamos a cantar una canción de San José Alfredo Jiménez, que gracias a él comemos todos los mariachis”, dijo alguna vez un cantante vestido de charro con gran atino. ¿Qué sería de los mariachis sin sus canciones? La verdad es que no hay agrupación que no cante alguna canción del nacido en Dolores Hidalgo.
Más de 300 canciones son las que compuso a lo largo de su carrera y no solo eso, si no que con palabras simples logró formar versos que penetran. Por eso es el mejor compositor de música ranchera de todos los tiempos en México, no hay cantina, botanero, fiesta o borrachera donde no se ponga José Alfredo.
En 2002 Joaquín Sabina en “Música Contada”, dijo del compositor mexicano “que miles de sus canciones han acompañado a cientos de borrachos de toda habla hispana. Él pone un hombro para llorar siempre”. Y lo dijo con toda razón, al menos el que escribe estas líneas ha lloriqueado amargamente y sin estar ebrio escuchando una y otra vez “Un mundo raro”.
Pero no sólo las decepciones amorosas fueron inspiración para componer, ahí está “Caminos de Guanajuato”, “El Rey”, “Dios Me señaló” que son tocadas en tanto en cortejos fúnebres como fiestas; le cantó al boxeador que cargó “con la muerte en los puños”, a “Pedro el Herrero”, al “cielo de chihuahua”, al marino que cruzó los “7 mares”.
Huapangos, rancheras, sones danzones, corridos y boleros. No titubeó en ir y venir entre esos géneros. Por eso “El Rey” o “San José Alfredo Jiménez” –como dijo aquél vocalista de mariachi- seguirá perdurando por generaciones. Principalmente donde exista una botella de tequila y una decepción amorosa, tendrá listo el hombro para que se lloren todas las penas.
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EL PEPO