Ale Badillo*
Uno de los puntos que se ha mencionado, no debatido, en las redes sociales y en los medios de comunicación es el subsidio de la gasolina.
La política del gobierno actual es ir disminuyendo poco a poco el subsidio hasta que los mexicanos compremos el combustible a precios de mercado, es decir, en base a la oferta y la demanda. De los candidatos a la presidencia de la República el único que ha dicho que disminuirá el costo del combustible es Andrés Manuel López Obrador. Inmediatamente saltaron al ruedo decenas de articulistas diciendo que subsidiar gasolina es favorecer a las clases más ricas pues son las que cuentan con automóvil.
Es cierta esta afirmación pero lo es a medias e ignora la problemática completa. En primer lugar hay que mencionar que los combustibles, en especial la gasolina, son bienes de consumo cuya demanda -según los cursos básicos de economía- es inelástica. ¿Qué quiere decir esto?, que la gente seguirá, al menos en el corto y mediano plazo, consumiendo este producto a pesar de la variación en el precio porque es de primera necesidad. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los alimentos básicos o el precio del pasaje.
Si pensamos mal –y tenemos razones para hacerlo- ese movimiento generaría más burocracia que disminuiría el beneficio neto. Si sube de forma incontrolada la gasolina la inflación subiría al mismo nivel y el consumo interno decrecería peligrosamente afectando, sobre todo, a los sectores más pobres. Si el gobierno no da opciones viables y eficientes de transporte conduciría a la clase media a una encrucijada ya que dejaría de gastar en rubros importantes como la educación y el alimento para destinar el dinero a la compra de combustible y no perder su trabajo. No es un secreto que con el crecimiento de las ciudades los traslados se han hecho cada vez más largos y problemáticos para varios sectores de la población.Otro punto muy importante y que no se ha mencionado es que la gasolina no sólo se utiliza en viajes de placer, para llegar a tiempo al trabajo o dejar a los niños en la escuela. También se utiliza en el transporte de mercancía. Según la visión de los que abogan por quitar el subsidio al combustible un indígena de la Sierra Norte de Puebla se vería beneficiado con esta eliminación porque se destinarían los recursos ahorrados a su desarrollo. Sin embargo no se toma en cuenta que las comunidades marginadas –en el ámbito rural o urbano- no son autosuficientes y dependen –como todos- del comercio para satisfacer sus necesidades y que utiliza camiones para llegar a los destinos más alejados. ¿Acaso el gobierno tendría que subsidiar la gasolina del transporte que llega a las comunidades más pobres para que los productos no resientan el aumento de precio? Además no se explica cuál sería el mecanismo para reasignar ese capital.
Pocas son las personas que desarrollan sus actividades productivas a pocos kilómetros de su casa. Ante este panorama urge una política de gobierno eficaz que ofrezca un transporte eficiente, sustentable y competitivo en precio para que, ahora sí, el ciudadano piense dos veces antes de sacar el auto de casa.
En Europa no sólo se ha dado este paso, además el uso de transportes alternativos como la bicicleta ha tenido un auge inusitado. Sabemos que el futuro no está en la gasolina por el agotamiento de las reservas de combustibles, pero el gobierno no invierte en el desarrollo de tecnología que sea sustentable. Decenas de proyectos interesantes, desarrollados en universidades, nunca se concretan ante la falta de apoyos y por la presión de los grandes emporios automotrices que siempre quieren vender más.
Ante la ineficacia de las políticas de transporte el ciudadano ha optado por seguir comprando autos, incluso cuando esto representa una deuda importante en el presupuesto familiar. Año con año aumenta el parque vehicular con los consabidos problemas que genera: saturación de las vialidades, contaminación, pérdida de tiempo. La terapia de choque que quieren recetar desde el gobierno al quitar por completo el subsidio de la gasolina es más o igual de peligroso que abaratarla si no hay un proyecto de fondo que resuelva los problemas de movilidad de los ciudadanos.
*Escritor y economista