Este jueves será galardonado en México con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación el ecólogo y naturalista de Milwaukee, Estados Unidos, Daniel H. Janzen.
Janzen es uno de los pioneros y promotores del proyecto internacional de “código de barras de la vida”, que aspira a identificar al 5 por ciento de las especies mediante uso de marcadores genéticos.
Es un sistema de uso de técnicas genéticas de última generación basadas en secuenciación de ADN para clasificación de especies, que permitirá rápidos diagnósticos del estatus de conservación de faunas al posibilitar la rápida catalogación de especies y con ello mejorar su conocimiento y conservación.
El código de barras de la vida se construye analizando un pequeño fragmento de ADN de un organismo, posteriormente se almacena en una colección científica certificada. En el caso de los animales, el fragmento del gen llamado COI, se encuentra en la mitocondria de las células, éste contiene características evolutivas de la especie e información para determinar su lugar de procedencia; en las plantas, el gen se encuentra localizado en el cloroplasto.
La información reunida es enviada al sitio www.boldsystems.org en donde ya se tiene el código de barras de más un millón 6oo mil especies de las cuales 150 mil ya cuentan con descripción formal.
Desde el 2004 alrededor de 130 organizaciones de 43 países se han unido al Consorcio del Código de Barras de la Vida.
El reto ha sido condensar toda la información en una máquina manejada por una persona, pero ahora el principal reto será reducirlo a algo más manejable y pequeño, apuntado que ya se encuentra en proceso.
El trabajo de Janzen ha sido crucial en la Biología de la Conservación, es profesor en biología en la Universidad de Pennsylvania pero ha pasado gran parte de los últimos cuarenta años en Costa Rica en trabajo de campo sin remuneración, impulsando la creación del Área de Conservación Guanacaste, uno de los proyectos más antiguos y exitosos en el área de restauración implicando directamente a la población local a pesar de las críticas recibidas por científicos estadounidenses.
Janzen recalca la importancia y los beneficios de implicar a la población local en este tipo de proyectos, asegurando que el conocimiento que adquieren se transmite a los familiares y amigos de cada “parataxónomo” que forma, además de que es más fácil tener los 365 días del año a personas que conocen el lugar y enseñarles el trabajo.