Hakobo Morá
Horadan los toros o novillos de lidia por él pintados, por él bien plantados, por él de gallardía extraordinaria, toros o novillos (hombres, mujeres y niños), valientes. El pintor yucateco Ernesto Novelo (fundador y director de Zoma Contemporary Art Center en México), los pinta –él también: torero o toro apareciendo en algunas de sus pinturas–, que desde el imaginario propio los capta, artista conceptual (que no lo contradice como tampoco lo define). Toros de percha proyectándolos en pintura que ha de mezclarse con arena, o conteniéndolos en grabados como un toril, toros torerazos de pezuñas siempre lustrosas, toros saltimbanquis del salón de baile, toros de todos los juegos de mesa, toros del fuego, toros vueltos en llamas.
Su pintura es sólo una: la variable exacta, y su discurso: infinito. Va siempre de adentro hacia afuera, como un pase de capote: movimiento de su mente y corazón. Los toros por él pintados sencillamente son ídolos –que no de ninguna apropiación–, y que nadie que haya pintado con el estilo Novelo. Como él dice: “búsqueda, la más personal” y no de la consecuencia –que no lo desdice–, “del mainstream europeo”: “Yo suelo recurrir a todas las cosmovisiones, sincretismos, a lo social. En mi pintura está lo maya, lo popular mexicano, la febrilidad de lo autóctono, las raíces mías, la vida.»
Aunque no le gusten en lo absoluto las etiquetas, él encarna a un matérico figurativo, aquél que regresó de las llanuras de Etiopía, trayendo consigo la memoria del contacto inmediato, personal de aquellos materiales utilizados en la construcción de casas en la meseta de Dire Dawa: arena, hierbas crasas y lodo amalgamados, solidificados, espacios habitables fraguando la supervivencia humana, levantándose ante el paisaje abierto, desértico, el la sabana africana más cruel y paupérrima posible. Fan-lector de su crítico Agustín Monsreal (“que más se ha acercado a mi obra”), dibujante casi defeño a la altura del maestro José Luis Cuevas, influenciado (oaxaqueñamente) por el artista Francisco Toledo. Y aún, libre, contestatario, político, poético, capotea desde el portón alejándose completamente de las vanguardias pantanosas, o las corrientes pastosas, o los ismos fugaces como meteoritos que se incendian al tocar con la atmósfera de su mente-creación, menos hablar de alguna adhesión a las rupturas sin color, por intelectuales las más frías del mundo como la de los Jóvenes Artistas Británicos (YBAs, por sus siglas en inglés), mercado del arte contemporáneo y del poder adquisitivo, el de los compradores de piezas de arte (aún determinando el “gusto” estético), ávidos en galerías o casas de subastas en pro de la plusvalía (lo que habrá de cotizarse más caro como una bolsa de valores).
— Alguna vez me tocó visitar una corrida de pueblo, y ésta ha sido una de las peores experiencias que me ha tocado ver. Miré como mutilaban y torturaban a un toro, maneras las más crueles. No sé cómo relacioné aquél con un trabajador mal pagado, con el obrero explotado, y también, con ‘los de abajo’. Un trabajador: un toro trapío y luchón matando al torero, una lucha entre iguales y por la vida. Muy pocos luchadores logran vencer. Te digo, la personalidad del toro bravo me encanta, éste siempre está listo para atacar, sin medir jamás el tamaño o la fortaleza de su rival, no se detiene sino hasta matar a quien esté frente suyo. Pero, ojo, no soy partidario de la fiesta brava, nunca he asistido a una, y creo que nunca asistiré. Aunque he pintado algunos toros y toreros, no creo alguien pueda calificar mi obra como taurina en el sentido de las corridas.” (Y ya para qué, si ya lo hiciste, Ernesto. Aunque, claro, siempre existe la posibilidad de la libertad, ese espacio de interpretación que jamás se llena de significados, una zona exclusiva para los y las espectador@s).
Ayer, 23 de mayo, nació Ernesto Novelo. ¡Feliz cumpleaños! Pero, su festejo no es común, lo integra también en de las despedidas (claro, a posteriori, no se alarmen), las que son celebradas en el más completo de los silencios. Nos lo dice en mini entrevista:
— Ernesto, ¿qué vas a sentir cuando cumplas 32 años?,
— Mucha felicidad, la misma que voy a sentir segundos antes de mi muerte. Me siento afortunado de estar vivo.
— ¿A poco piensas que la muerte es felicidad?
— Eso depende de la persona. Hace mucho que no lloro a la gente, entiendo a la muerte como un proceso natural, doloroso, triste, pero a fin de cuentas es lo único seguro, sabemos que vamos en camino, yo estoy muy consciente de eso –puedes verlo en mi obra –así que no pierdo el tiempo en pendejadas y trato de vivir lo mejor que puedo.
— ¿Y qué cara pondrías al momento de morir?
— No se, trataría de irme con una a sonrisa, claro, que si muero en un accidente quizá la cara sea de susto, pero confío en que –siguiendo la tradición familiar– la muerte me honre llevándome con un buen infarto, durmiendo, si no es mucho pedir.
— ¿Te gustan las velas en un pastel?
— Si, me gustan, no deja de emocionarme apagarlas en los cumpleaños.
— ¿Y de los cirios que se colocan a un lado de una caja de muerto?
— Son muy interesantes, aunque las veo más como folclor… digo, ya muerto, aunque te vistan de seda y te pongan en una caja de cedro finísima, pero, en lo personal, me gustan mucho los cirios.
— Ernesto, ¿a quién vas a invitar a tu fiesta de cumpleaños?
— (Silencio).
— No la pienses tanto.
— A nadie.
— ¿Y a qué personas no invitarías a tu velorio?,
— Creo que tampoco a nadie. Ya muerto, nada tiene sentido, nada, ni las lagrimas.
— Pero, nadie gozaría de los cirios, del folclor mexicano en medio de tu sepelio. Sería una oportunidad para…
— Me encanta el día de muertos mucho más que la navidad, le encuentro mucho sentido celebrar la muerte, un recordatorio de lo efímera que es la vida, y claro, si no invito a nadie, nadie lo va a disfrutar, pero pues ni yo, ya estaría muerto, así que para que gastar de más… y las velas del cumple, pues con mis hijos y mi esposa, nada más.
— Las dos últimas. ¿Qué escribirías en tu pastel de cumpleaños?
— “Gracias a Dios, un año más.”
— ¿Y qué diría tu epitafio?,
— “Aquí yace Ernesto Novelo, Pintor.” No creo que sea necesario agregar nada más.
— La penúltima, porque eran tres. ¿Cuántos toros habrá en los 32 años de Ernesto Novelo?
— Todos los toros y más toros habidos y por haber, los que seguimos embistiendo. Y no estoy – eso espero– a la mitad del camino, todavía falta un poco para el último tercio, así que es momento de dar muestra de trapío y embestir de la mejor manera, para lograr el indulto o una muerte digna.