México, DF. La ola de violencia en México ha dejado su estela de desapariciones, asesinatos y familias desplazadas. Madres y esposas padecen en mayor medida ese trance y en muchas ocasiones la agresión proviene de quienes deberían protegerlas.
Mujeres que participaron en la «Marcha de la Dignidad Nacional: Madres buscando a sus hijas e hijos y demandando justicia», relataron diversos episodios violentos de los que han sido víctimas ellas y sus familias, después de concluir el 10 de este mes en la ciudad de México su movilización por varios estados del país.

Foto tomada de elnuevoherald.com
Emma Muñoz contó que el 19 de junio de 2011, al estar toda la familia reunida en la casa de los abuelos, en el municipio de Cuauhtémoc, en el norteño estado de Chihuahua, policías municipales y federales irrumpieron el domicilio para llevarse a su esposo, a cuatro de sus hijos, un nieto, un sobrino y a su yerno.
Hasta ahora no se sabe nada de ellos. Las y los familiares han identificado a tres de los policías municipales que se llevaron a las ocho personas. Sin embargo, los agentes continúan en funciones.
Entre los desaparecidos están: Toribio Jaime Muñoz –de 61 años y esposo de Emma Muñoz–, y sus hijos Óscar, de 38 años; Jaime (33); Guadalupe (37), y Hugo (31), los cuatro de apellidos Muñoz Veleta.
También fueron secuestrados Luis Romo Muñoz, de 21 años y sobrino de Emma Muñoz, y su yerno Nemesio Solís González, de 41 años y empleado de ferrocarril.
Toribio Muñoz es ferrocarrilero jubilado. Óscar y Guadalupe trabajaban en Concretos de Chihuahua; Jaime, en una maquiladora, y Hugo, el hijo soltero, vivía con sus padres.
La situación económica de la familia completa se vio mermada. La pensión de Toribio Muñoz está paralizada porque no está presente para cobrarla y tampoco se puede presentar un acta de defunción.
Óscar Muñoz Veleta tiene dos hijos; Guadalupe otros dos; Jaime también dos, y Nemesio, tres. Sus respectivas esposas ahora tienen que trabajar para sacar a sus hijos adelante.
Las autoridades judiciales de Chihuahua siempre dicen lo mismo: «De sus parientes, no hay nada». Una versión que se repite a todas las familias del estado que padecen el trance de que sus seres queridos estén desaparecidos.
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