Lado B
La chica de los números, los cálculos y los instrumentos para mantener la salud
 
Por Lado B @ladobemx
19 de abril, 2012
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Mercedes Álvarez

@Maldi_89

De niña soñaba con ser matemática. Algunos años después, cuando comenzó la preparatoria, quería estudiar Actuaría, pero en quinto semestre descubrió que los “números traducidos a dinero” no eran su pasión; deseaba hacer algo más práctico: aplicar las matemáticas a casos reales. Entonces, Marian Denisse Velver Ríos decidió matricularse en Ingeniería Biónica.

A diferencia de muchos jóvenes mexicanos, Marian no tenía miedo a la complejidad de las matemáticas, lo que realmente la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino, porque escoger un camino significaba abandonar otros; sin embargo, la entonces estudiante de bachillerato sabía que tal y como afirma su escritor favorito, Paulo Coelho, “la felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista”.

Proveniente de Tabasco, la joven llegó a Puebla acompañada del sueño de estudiar una carrera que le permitiera realizar proyectos que ayudaran a la gente. La UPAEP fue la universidad que le dio las herramientas profesionales para convertirse en lo que hoy es: una joven científica con un futuro prometedor.

A sus 24 años Marian Velver tiene una maestría en Ingeniería Biomédica y se desempeña, desde 2010, como docente de la Facultad de Electrónica de la UPAEP. En ese mismo año comenzó a explorar el campo de la investigación y desde entonces, no lo ha dejado.

La necedad llevó a la joven maestra a realizar su primer proyecto de investigación: la creación de un sistema de espectrografía para detectar el cáncer de mama en etapa temprana e incluso antes de que se desarrolle, pues localiza células propensas al cáncer. El sistema, que implicaría un gran avance para combatir esta enfermedad, está actualmente en proceso de registro de patente, por lo que no puede dar más detalles del mismo.

El gusto y la necesidad que representa para ella el estudio, además de una beca ofrecida por la UPAEP, la encaminó a tomar la decisión de estudiar la maestría en Ingeniería Biomédica, justo después de terminar la licenciatura en esa universidad.

Diseñar instrumentos al servicio de la salud.

La ingeniería biomédica es una disciplina que “conjunta los mundos de la ingeniería, la medicina y la fisiología para lograr avances en la tecnología en medicina y biología”. Su objetivo es apoyar el cuidado de la salud de las personas.

La definición anterior es del doctor Joaquín Aspiroz Lehaan, profesor del área de Procesamiento Digital de Señales e Imágenes Biomédicas de la UAM-Iztapalapa, quien en un artículo publicado en  2007 menciona que algunos autores consideran que los antecedentes de la misma se remontan a la antigüedad, “cuando se aplicaron remedios a problemas de salud”, y cita como ejemplo una prótesis del dedo gordo del pie que fue descubierta en una tumba egipcia de más de 3000 años. Otros, según el texto del especialista, ubican los dibujos anatómicos y las aproximaciones a brazos de palanca de Leonardo Da Vinci y los trabajos de Luigi Galvani y Lord Kelvin sobre la conducción eléctrica en los seres vivos, como los primeros en este campo.

Aspiroz, por su parte, propone ubicar los orígenes de esta disciplina en “el desarrollo de la instrumentación eléctrica y electrónica que produjo una explosión de resultados y aplicaciones en medicina y biología”.

Respecto a los inicios de la disciplina en México, el profesor de la UAM los localiza en la colaboración de Arturo Rosenblueth con el fisiólogo Walter B. Cano y después con Robert Wiener en el Instituto Tecnológico de Massachussets y la escuela de medicina de Harvard, entre 1937 y 1943. Casi treinta años después, en 1972, Joaquín Remolina Robles fundó en el CINVESTAV la maestría en Bioelectrónica, en la que se formarían los catedráticos que posteriormente impulsaron la disciplina en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Otras instituciones mexicanas en las que se ha promovido este campo son la UNAM, la UAM, la UIA y los institutos Nacional de Cardiología (INC) y Mexicano del Seguro Social (IMSS), según el trabajo de Aspiroz Lehaan.

La instrumentación médica es la línea de investigación que se desarrolló en México a finales del siglo XIX y principios del XX. En la actualidad, hay varias líneas de investigación en las distintas instituciones que imparten la disciplina, por ejemplo, en el Centro de Investigación en Instrumentación e Imagenología Médica de la UAM-Iztapalapa se han dedicado especialmente al desarrollo de instrumentación para terapia intensiva y al de creación de órganos artificiales.

En la UPAEP, los posgrados en esta especialidad tienen como objetivo el formar investigadores capaces de “analizar estrategias para diseñar, desarrollar y construir equipos, herramientas, y sistemas tecnológicos aplicados a la Medicina”. Hay tres líneas de investigación: 1) Instrumentación Médica, vinculada al campo de diseño instrumental, tanto de dispositivos como de sistemas de asistencia del cuidado de la salud, externo e interno. 2) Robótica médica, que se refiere al diseño, construcción y validación de sistemas robóticos para uso médico y 3) Bioingeniería humana, en la que se aborda el diseño de implantes, la ingeniería de tejidos, entre otros campos.

Ser joven y científica en México.

Sobre la combinación de la docencia y la investigación, la maestra Velver explica que es complicada, pues al ser profesora se está más al pendiente de los alumnos y el tiempo para los proyectos científicos es insuficiente. Preparar los materiales de las asignaturas, impartir cátedra, asesorar alumnos, capacitarse ella misma para dar clases (lleva 2 años en la docencia), son algunos de los factores que reducen el tiempo dedicado a la investigación.

El tema no es nuevo: el tiempo y las condiciones laborales de los científicos en México no son grandes aliados para desarrollar sus carreras. Muchos investigadores jóvenes, como Velver Ríos, se enfrentan a esos obstáculos. De hecho, en 2003, 55% de los investigadores adscritos a universidades públicas estatales consideró muy relevante para su desempeño profesional, el que al inicio de su carrera contara con una carga académica adecuada para permitirle el desarrollo de sus investigaciones.

El estudio denominado Situación de la Ciencia y la Tecnología en las Universidades Públicas de los Estados, propuestas y recomendaciones, realizado en 2003 por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico de la ANUIES, reveló que 52% de los investigadores encuestados calificó su carga laboral como “alta”, 24% la valoró como “media” y 24% la juzgó “baja”.

Además, en las preguntas abiertas, los científicos explicaron que al inicio de su carrera su carga era idónea “pero que progresivamente se ha ido complicando fundamentalmente por las necesidades institucionales de atender a una población mayor, así como por la introducción de tareas de tutoría y gestión académica”.

No sólo de números y horas de estudio vive un investigador

Marian está consciente de los retos que enfrenta por la profesión que eligió. En este momento medita sobre su futuro y muy probablemente, en agosto próximo, la maestra de otro paso en su preparación profesional: iniciar el doctorado en Ingeniería Biomédica, que –dice- “le hace ojitos” aunque el enfoque del mismo todavía no la convence del todo, por lo que aún podría cambiar de opinión y elegir otro posgrado.

Mientras, con apenas 24 años y una vida por delante, la especialista en biomedicina se ha impuesto el reto de realizar nuevas investigaciones para  mejorar sistemas de detección y/o tratamiento de diversas enfermedades. Por lo pronto, la investigadora ha empezado a indagar sobre enfermedades como el lupus y  la leucemia,  que forman parte de su línea de investigación.

En la vida de un científico no todo es estudio e investigación. Las personas necesitamos siempre de un lugar para refugiarnos cuando estamos cansados de nuestras actividades cotidianas, dice Marian Velver Ríos, quien se refugia en la lectura de novelas románticas que la apartan, por unas horas, de la crudeza que representa la investigación de enfermedades y el diseño de instrumentos para combatirlas. En distintos momentos de su vida ha encontrado cobijo en las palabras y textos de varios autores, pero el que más le gusta es Paulo Coelho.

Además del escritor brasileño, Marian es escoltada siempre por una amiga incomparable: Roberta, una pequeña, peluda, orejona y cuadrúpeda que le hace compañía como nadie más.

Finalmente, la investigadora comentó que no siente gran pasión por la música, por el contrario, es partidaria de la paz que le brinda el silencio. Y así en el silencio, la aquella chica que llegó a Puebla años atrás,  sueña con diseñar un nuevo sistema que ayude a prevenir o curar enfermedades.

Entradas previas de Agóra Científica, un espacio de la escuela de Periodismo de la UPAEP para divulgación de la ciencia y el periodismo científico

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Autor Lado B
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