Lado B
“Voy a morir porque creen que soy un Zeta”
 
Por Lado B @ladobemx
07 de febrero, 2012
Comparte

Raymundo Pérez Arellano | Esquire

La oscuridad, eso es lo que sigue.

Atrás quedaron los amigos, la familia, los compañeros de trabajo, el amor, la vida.

Ahora sólo existen el desahucio y la resignación. La cara de la muerte se asoma por una rendija de la capucha que pusieron en tu cabeza.

Ya no llegué a los 30 años, ni tuve hijos. Ojalá que me maten pronto. No quiero que me torturen. Quiero que me dejen en un lugar público. Que encuentren mi cuerpo. He visto el rostro de los entrevistados a quienes les han secuestrado a alguien. Viven en la incertidumbre por no saber si su pariente regresará algún día. La muerte se extiende a los familiares de los desaparecidos. Unos mueren poco, y otros mucho, y no quiero eso para los míos.

La oscuridad, eso es lo que sigue.

Ni modo, elegiste dedicarte a esta profesión de riesgo, así que asume las consecuencias.

Qué cara pondrán en el trabajo cuando les digan que te llenaron de plomo. Tendrán remordimientos por haberme mandado al matadero. Ya veo los titulares de los periódicos lamentando de nuevo la muerte de un reportero y un camarógrafo, y al día siguiente pasando a otro tema.

Fue una pendejada venir a esta zona de guerra. Pero ya ni lamentarse, ya qué. La camioneta avanza y no hay forma de detenerla. Los sicarios sólo cumplirán órdenes. Quizá el error fue andar en un coche rentado con placas de Coahuila, luego de que los periódicos publicaron, sin revelar la fuente, que comandos de Zetas provenientes de ese estado llegaron a Reynosa. O habrá sido mi corte a rape, mis lentes oscuros y el tatuaje en mi brazo. No lo sé.

Lo único cierto es que voy a morir en Reynosa, y todo porque estos sicarios creen que soy un pinche Zeta.

***

Las llantas de una Escalade negra rechinaron en el pavimento ardiente. Juan Carlos Martínez pisó el freno con fuerza cuando esa camioneta enfiló contra nuestro vehículo. Se abrieron las puertas y cuatro sujetos con chalecos blindados saltaron hacia nosotros. Unas siglas en el pecho revelaban la organización criminal a la que pertenecían. Sin pudor alguno exhibían tres letras en color blanco: cdg (Cártel del Golfo).

No estábamos en un barrio solitario a la media noche, sino en una avenida transitada de Reynosa, en plena hora pico. Era el 3 de marzo de 2010.

Poco antes habíamos visto a la Escalade negra recorrer en caravana las calles de la ciudad, junto con otras seis camionetas de algunas de las marcas favoritas del crimen organizado. El convoy era la visión de un dragón, peligroso y seductor. No podía quitarle los ojos de encima. En los vidrios de las camionetas habían rotulado las letras cdg con pintura blanca, de la que se usa para lustrar calzado. La Cherokee gris que encabezaba la fila exhibía una placa con el mismo distintivo, como si fuera uno más de los diseños que pueden verse en las matrículas vehiculares en los estados del país.

«¡No mames, güey! ¿Viste eso? Qué pedo con esta ciudad. Y la gente no dice nada», le dije a Juan Carlos, el camarógrafo que me acompañaba en esta misión. Era el más experimentado en la empresa. Comenzó desde abajo, asistiendo a los camarógrafos de la vieja guardia. Dedicó quince años a aprender los trucos de la lente. A sus 30 años era uno de los mejores.

Esperamos a que el tráfico, que se había paralizado con el convoy de sicarios, se normalizara. Dos cuadras más adelante doblamos a la derecha. En las redes sociales seguíamos los reportes ciudadanos que informaban sobre balaceras en varios puntos de la ciudad. Ahí queríamos estar, a eso nos habían enviado a Reynosa.

Volvimos a girar a la derecha y los vimos otra vez. Los más de veinte tripulantes de las siete camionetas habían descendido en un parque público y se preparaban para combatir. Unos revisaban su armamento, otros se colocaban el chaleco antibalas y tres o cuatro vigilaban.

«Pendejo, ve por los del carro rojo», dijo alguien. Luego se escucharon silbidos y el rugir de un motor.

«Esto ya valió madre», le dije a Juan Carlos cuando vi lo que pasaba. «Acelérale, cabrón?».

Seguir leyendo en el sitio de la revista Esquire

Comparte
Autor Lado B
Lado B
Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx