Jodorowsky, de las Fábulas Pánicas a la sicomagia tuitera

NOTA B JODOROWSKY

Foto: Joel Merino.

Paco Coca

@PacoCoca

Lo que había sido anunciado como una simple rueda de prensa previa a la conferencia de Alejandro Jodorowsky en la Udlap, se convirtió en un largo diálogo con la prensa, donde el multidisciplinario artista –término que en pocos casos es tan bien aplicado- respondió preguntas, habló de su vida, se apasionó y hasta leyó el tarot a una de las presentes.

Con motivo de la inclusión de algunas de sus Fábulas Pánicas en la exposición «Resisting the present México 200-2012», el cineasta, mimo, teatrero y sicomago de 83 años estuvo presente en el Museo Amparo. Comentó que esas reproducciones de sus tiras cómicas son las únicas que guardó, “eran un ganapan”, y nunca se hubiera imaginado que terminarían en un museo. “Es un inmenso placer que esto esté pasando, es como una revancha”.

En su conferencia de la tarde también presentó un video titulado Spiritual Journey, que describe como “Arte puro, no es una película para producirla comercialmente, es por puro placer. El arte no debe ser comercial (…). Vamos a hacer algo para perder dinero, es gratis”.

Las fábulas pánicas

Foto: Joel Merino.

El chileno de nacimiento, en más de una ocasión reiteró su gusto por regresar a México, país al que llegó a los 23 años y donde se hizo artista. Tras dedicarse al teatro en su país natal, Jodorowsky llegó a México para continuar en esa misma disciplina artística, truncada de golpe tras el montaje de la Ópera del orden, donde a sugerencia de uno de sus colaboradores en una escena aparecía una monja en minifalda friendo chorizo en un cáliz, “era un homenaje a Buñuel y me echaron la culpa a mí y me sacaron del teatro”, recordó entre risas.

A ese episodio le siguió un veto para continuar su carrera teatral “yo tenía que ganarme la vida, tenía un par de niños y una mujer y tenía que alimentarlos”. Urgido de un ingreso, Jodorowsky acudió a ver al novelista Luis Spota, en ese entonces director de El Heraldo de México, para pedirle trabajo y proponerle realizar una tira cómica que podría incluir en el suplemento dominical del periódico.

Bautizadas como Fábulas Pánicas, “no era pánico de terror, sino del Dios Pan, de totalidad, Pánico es cuando tú aceptas todo, hay que ser como en los periódicos, que tienes al Papa junto al boxeador que está triunfando y luego la guerra en no sé donde. Todo va junto, es la simultaneidad, eso es lo pánico”.

Spota le propuso hacer cuatro trabajos como prueba. Su esposa en esa época era vedette de un cabaret llamado “La Vendimia” y Valerie bailaba, Jodorowsky en el camerino “entre plumas y gente que se ponía falsos senos, yo dibujaba mis Fábulas Pánicas”. “Era para sobrevivir, al comienzo las fábulas que hice eran muy negativas”.

Lo que empezó como un simple trabajo temporal se convirtió en algo serio cuando empezó a ganar lectores y el tiraje del periódico subió los domingos, día que aparecía el suplemento cultural. Lo anterior lo motivó a cambiar la temática de los trabajos “si me está leyendo todo el mundo por qué voy a transmitir mis angustias (…). Me pase lo que me pase yo soy un artista que estoy haciendo mi arte, creo en el mundo y en la humanidad y voy a dar lo mejor de mí en estas fábulas”.

Al principio le tomaba una semana realizar cada entrega, pero al comenzar su carrera como director de cine el tiempo escaseaba, “al final, cuando hice la Montaña Sagrada, hice diez en un día, así tuve diez semanas para filmar mi película”.

Las Fábulas Pánicas se convirtieron en un artículo de culto, que años después influyeron a una generación de artistas plásticos que consiguieron que las piezas se presentaran dentro de la exposición.

La llegada al cine

Foto: Joel Merino.

El éxito de este proyecto le permitió a Jodorowsky iniciar su carrera cinematográfica con un estilo que no era común en México “creían que estaba loco, que nadie iba a ver lo que yo hacía”.

Tras enfrentarse con las dificultades que provocaba el sindicato cinematográfico en México, Jodorowsky se decidió por la independencia, “dije a la mierda los sindicatos, yo filmo, me pagaron unos rollitos y los sábados y domingos me fui a filmar Fando y Lis fuera de toda obligación, ningún permiso ni nada, yo filmé como quise”.

A un funcionario le gustó la cinta y la programó para proyectarla en el extinto Festival de Cine de Acapulco y empezó el escándalo, “fue terrible, primero que nada porque no estaban acostumbrados en el cine mexicano a ver a una muchacha pariendo puercos”. Las reacciones de rechazo surgieron de inmediato “el ‘Indio’ Fernández dijo que me iba a matar, y ya había matado a dos”.

Después de la película, Jodorowsky regresó a su hotel escondido en la cajuela de una camioneta. Durante la fiesta posterior a las proyecciones, el director le mandó un par de botellas de whisky a Emilio Fernández, “entonces se tomo una y dijo ‘quiero ver a Jodorowsky’ y llegue yo y le dije ‘qué le parece, no soy tan monstruo”.

“Cuando tú ves Fando y Lis ahora no tiene nada, es inocente, a veces no le entiendes, eso es todo, pero no era para tanto”, comenta.

Tras el surgimiento del sindicato de cortometrajes, creado ante la necesidad de romper el monopolio que existía en México, le propusieron filmar una nueva cinta presentada como un conjunto de cortometrajes, misma fórmula que usaron películas como Los Caifanes o Fe, esperanza y caridad.

Acusó a la industria de cerrarle las puertas debido a sus ideas, “durante 30 años no dejaron que se presentaran mis películas. Entonces yo hice copias en video y se las regalaba a los piratas en los países donde iba. Hice mi guerrilla, gratis, siempre fuera de la industria”. Con el paso del tiempo, las películas lograron cierto público y, tras las reediciones en DVD y Bluray, llegaron las ofertas de productores para filmar de nueva cuenta un par de películas.

“Tengo dos películas en formación, la Danza de la realidad, que haré en Chile” y, si consigue presupuesto, filmará de nueva cuenta en México.

También tuitero

Foto: Joel Merino.

Tras la propuesta de su hijo, el cantante Adanowsky, de crear una cuenta de Twitter, Jodorowsky decidió incursionar en la red social, “yo me dije, esto es como un haikú, es arte (…) es la literatura del siglo XXI, yo no voy a contar cuántas veces fui al baño, cuántos bisteces me comí, yo lo voy a usar como literatura”.

Dos tandas diarias de 15 tuits que sube luego de escribirlas en una pequeña libreta que muestra a los asistentes. “Tengo 324 mil seguidores y yo sigo sólo a diez”, aclara que no puede seguirlos a todos por lo que los domingos los dedica a contestar las preguntas que sus lectores le envían, “ahí todos participan, se puede decir que los sigo a todos”. Sus entradas de Twitter también tienen un espacio en la exposición presentada en el Museo Amparo –que seguirá hasta el 15 de enero- donde son proyectados en una pared. “Deberían pasar más rápido”, le dice el autor a un acompañante durante el recorrido por el museo que siguió a la rueda de prensa.

Nunca enfocado en una sola disciplina, Jodorowsky resume su carrera de la siguiente manera: “El fracaso no existe, sólo un cambio de camino. Me impidieron hacer teatro, hice fábulas, cuando me impiden hacer fábulas, hago cine, me impiden hacer cine, hago sicomagia, ahí voy cambiando de camino según las oportunidades que me ofrece la vida”.

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