

Foto de Pablo Pascual tomada de periodismohumano.com
Sólo en 2010 fueron asesinadas más de 700 mujeres en Guatemala. En ese país se cometió un genocidio contra los mayas que acabó con la vida de más de 200 mil personas y la desaparición de unas 45 mil durante los 36 años de Guerra Civilque arrasó el país. Cifras muy superiores a las de otras dictaduras de América Latina, cifras tan desorbitadas que terminan quedándose en eso, cifras, ante la compleja tarea que supone concebir cómo se puede borrar de la faz de la vida al 3% de la población, es decir, a un cuarto de millón de personas en un país con sólo 8 millones a finales de la década de los 80.
Guatemala se ha convertido en uno de los más tristes ejemplos de que la declaración por parte de los actores armados del fin del conflicto armado no es sinónimo de paz. Quince años después del fin de la guerra civil, el Estado guatemalteco sigue sin saber hacer frente a la violencia sistémica que asola su territorio cada vez más empobrecido y más endeudado con las instituciones financieras internacionales, mientras el hambre sigue provocando muertes en un país exportador de alimentos. Y la violencia mantiene regiones fuera del control y protección del Estado, entre ellos, el cuerpo y la vida de las mujeres, campo de batalla del machismo y del patriarcado: en 2010 se interpusieron 46 mil denuncias por violencia de género.
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