Rendición o hambre: Viajes por Etiopía, Sudán, Somalia y Eritrea de Robert D. Kaplan


Alejandro Badillo

Ediciones B, Colección Grandes viajeros. 1era edición 2005.

Periódicamente en los medios de comunicación aparece alguna noticia sobre África relacionada con algún golpe de Estado o con las condiciones de pobreza en las que vive la población. En los últimos días el continente ha estado de nuevo en el mapa debido a la hambruna que afecta a Somalia, un pequeño país que limita con Kenia, Etiopía y Yibuti. El consumidor promedio de noticias está acostumbrado al enfoque limitado de programas de televisión que muchas veces ofrecen un show mediático que explota el amarillismo y apenas analizan el problema.

Rendición o hambre de Robert D. Kaplan (1952), prolífico periodista norteamericano, colaborador de diarios como el Atlantic Monthly, The Washington Post y The New York Times, busca las raíces del problema y da una aproximación interesante a esa zona de África que sólo aparece en las pantallas de televisión cuando la tragedia ha cobrado miles de víctimas. Como contexto, el libro de Kaplan fue escrito en la década de los 80 cuando una de tantas hambrunas devastó la región y tensó las relaciones de Estados Unidos y la Unión Soviética que estaban, a la postre, en plena Guerra Fría. Kaplan, en base a entrevistas y en la investigación de campo, revela los factores que agobian al “cuerno de África”: luchas tribales, gobiernos corruptos y la jugosa venta de armas a los frágiles gobiernos o a los grupos rebeldes.

En la Guerra Fría se escenificó un ajedrez macabro entre las potencias mundiales que utilizaron como peones a políticos, militares, agricultores y ganaderos. El resultado es previsible y cíclico: miles de desplazados en insalubres campamentos donde están a merced de las milicias y del hambre. Otro punto a destacar es el efecto de la tragedia cuando no hay imágenes para conmover a la opinión pública de los países desarrollados cuyos gobiernos prefieren evadir el tema. En la actualidad hay un factor en contra que se añade: la poca sensibilidad en un mundo globalizado donde la imagen ha perdido peso y no implica un compromiso para el espectador que sólo tiene que pasar a otro canal para olvidar la tragedia.

Uno de los puntos débiles del libro de Kaplan es enfocarse demasiado en el análisis político y en la crítica hacia la administración del presidente Ronald Reagan que no supo o no quiso contrarrestar la influencia soviética en la zona. Según el autor, una intervención más decidida de Estados Unidos hubiera mitigado el hambre de los desplazados. Pero más allá de coyunturas políticas, Kaplan evita la historia y no enfatiza el papel que han jugado desde hace siglos las potencias europeas que, además de explotar recursos naturales y humanos, dividieron el continente africano sin conocer el complejo entramado de etnias y tribus que pusieron (con dolo o con una rampante ingenuidad) a convivir en un mismo territorio.

Un contrapeso a esta visión es el libro del corresponsal del Time Peter Forbath, que en su magnífico El río Congo muestra la larga cadena de abusos que cometieron los conquistadores que, en nombre de la siempre ubicua “civilización”, esclavizaron y dividieron a la población que después del proceso descolonizador se entrampó en luchas y continuos golpes de Estado que mantienen a la gente en la pobreza, a merced de las empresas transnacionales que aún lucran en el continente. En África algunos afortunados tienen beneficios: mercenarios, políticos, incluso las Organizaciones No Gubernamentales.

Un ejemplo de la acción nociva de los países desarrollados en África es el documental La pesadilla de Darwin de Hubert Sauper que, sin contemplaciones, narra de forma cruda las consecuencias de la venta ilegal de armas y el control absoluto de los recursos naturales de las empresas transnacionales. En el caso de La pesadilla de Darwin se investiga la explotación y venta de la Perca del Nilo —una especie que ha acabado con la fauna del lago Victoria—. Aviones rusos se llevan la codiciada mercancía al extranjero y regresan llenos de armas para alimentar la violencia y la pobreza en la región.

Si politólogos como Francis Fukuyama piensan que el liberalismo económico, las comunicaciones y la democracia occidental han resuelto todos nuestros problemas, libros como Rendición o hambre demuestran que los conflictos en el Tercer Mundo están en ascenso y su condición será aún más peligrosa por las afectaciones climáticas que se vislumbran para los próximos años.

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