Lado B
Enviado el 27/01/2022 De Lily 🔥👤
Por Lado B @ladobemx
27 de enero, 2022
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Ahora que estamos juntas…

Han sido días terribles, de mucho pesar, de mucho dolor, de furia, otra vez la furia. Tengo poco que decir, los pensamientos se me arremolinan, pero las palabras no salen, quizás en una reacción de defensa natural de mi cuerpo, se ocultan, se deshacen en mi lengua. Ya saldrán, quizás en forma de llanto, quizás en carcajadas, no sé. Son días inciertos. 

Pero no daré paso al silencio. Hoy me presta su voz la periodista Samantha Páez, cuñada de Liliana Lozada, y llena con sus palabras este espacio en blanco. Gracias, querida Sam.

De Lily, Liliana Lozada, lo que más me gusta es la forma en la que sonreía, una sonrisa amplia donde mostraba todos sus dientes superiores, que se contagiaba, porque sin pensarlo, de verla sonreír, sonreías. Así hay muchas cosas lindas que se me vienen a la cabeza cuando escucho o leo su nombre.

Durante las últimas semanas la cosa ha sido complicada, a veces cuando leo sobre ella siento rabia, coraje y asco. La gente que me conoce sabe que hay muy pocas cosas que me dan asco, pero hubo notas y publicaciones de medios en redes sociales sobre Lily que me hicieron sentir un hueco en la boca del estómago, unas tremendas ganas de vomitar. 

Desde que se hizo pública su desaparición, el 4 de enero, hasta el hallazgo de su cuerpo sin vida, el 22 de enero, una a una he visto las malas prácticas que hay en los medios de comunicación. Son tantas que me costaba tanto trabajo creerlo. Me sigue costando leer a colegas dando por cierto, replicando, lo que la Fiscalía filtró a un señor sin el más mínimo de ética, un señor que todo el mundo sabe coludido con el poder y que muchas veces critican o se burlan de él, pero que retomaban sin cuestionar la veracidad o la legalidad de sus palabras.

Y hay que decirlo, las filtraciones que hacen las autoridades no sólo perjudican la investigación, son ilegales: el artículo 106 del Código Nacional de Procedimientos dice claramente: “en ningún caso se podrá hacer referencia o comunicar a terceros no legitimados la información confidencial relativa a los datos personales de los sujetos del procedimiento penal o de cualquier persona relacionada o mencionada en éste”. Incluso habla de sanciones para el funcionariado público que revele estos datos, a pesar de ello hasta medios nacionales replicaron las filtraciones.

Hubo poco respeto al derecho a la intimidad, empezando por las autoridades, que filtración tras filtración, violaban las disposiciones que marcan en todo procedimiento penal que se debe respetar la vida privada de las personas y sus datos personales, también los datos sensibles. Esto generó una ola de revictimización contra Lily, justificando su desaparición, adjudicándole a ella el ponerse en riesgo. ¿Qué riesgo más grande hay en Puebla que ser una MUJER que sale a trabajar?

Pero no son sólo las filtraciones, cuestionar y exigir respuestas por parte de la familia me parece también muy revictimizante. Ya había hablado de ello en una columna anterior, pero no quiero pasar de largo este punto: como periodistas debemos entender a las personas de a pie, las que no ostentan cargo público alguno, que no forman parte de empresas u organizaciones que se benefician del gobierno, no nos deben nada, no podemos exigirles. Quizás sólo podemos cuestionarles si hubo alguna ilegalidad o violación a alguna norma, pero sí, por el contrario, son las víctimas, simplemente no es ético pedirles que justifiquen sus palabras.

Creo que otro de los peores momentos, al menos para mí, fue cómo se esparció el hallazgo del cuerpo de Lily, sin que sus seres más cercanos hubieran tenido la oportunidad de corroborarlo. ¿Qué ganamos siendo el primer medio en difundir información que no ha sido confirmada? Dejemos de largo la falacia de “ganar la nota”, sobre todo cuando estamos generando un dolor y una incertidumbre que no se imaginan, que no les deseo que experimenten.

Fue muy doloroso para mí leer publicaciones de colegas a quienes considero cercanos, que considero que hacen bien su trabajo, dejándose arrastrar por la idea de que ya estaba en todos lados y por ello no sólo era verdad, sino que tenían que publicarlo también, alimentando así la confusión y el morbo. 

Las horas siguientes no puedo decir más que fueron terribles, entre que se confirmó el hallazgo de Lily sin vida (yo aún tenía la esperanza de volverla a ver y darle un gran abrazo), y leer que la poca información que daban las autoridades, con una exactitud extraña, se replicaba en las notas y en redes sociales de medios. ¿Cómo era posible? En esas horas leía de forma compulsiva las notas, las redes sociales, porque las autoridades siempre prefieren filtrar, revictimizar, a dar la cara a las familias.

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Autor Lado B
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