El arte como una forma de escucha, reflexión y protesta
Las intersecciones entre arte y problemas sociales son discursos desde la escucha, que tejen articulaciones o formas de relatos de visibilización colectiva: Nina Fiocoo
Por Ray Ricardez @
08 de noviembre, 2020
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  • Para Renato Bermúdez, en México existe una tradición de vincular prácticas artísticas con movimientos sociales.

“Es importante repensar el arte como una forma de escucha y como una posibilidad de reflexión; pienso que desde el arte se pueden producir otras formas de pensarse juntos”, dice Nina Fiocco, Historiadora del Arte y Maestra en Artes Visuales, en conversación con LADO B

En Puebla, proyectos artísticos desde los espacios en las comunidades al interior del estado, como la Brigada de Arte Talimalakatsikinan Nakú-Creando con el Corazón, hasta el rock urbano de Arturo Muñóz “Carcará” en la capital, han acompañado las demandas sociales y las injusticias. 

También los derechos laborales, la violencia género, la defensa del territorio y el agua, la desaparición forzada y la desigualdad socioeconómica, son algunos de los problemas que abordan estos artistas con su obra creada desde una perspectiva social. 

El arte y los movimientos sociales

El arte como una forma de escucha, reflexión y protesta

Foto: TaTalimalakatsikinan Naku

El arte tiene la posibilidad de acompañar movimientos sociales, explica Nina Fiocco, a través de diferentes formas en las que se articulan las obras con la lucha comunitaria. Ella considera que estas intersecciones entre arte y problemas sociales son discursos desde la escucha, que tejen articulaciones o formas de relatos de visibilización colectiva. 

Renato Bermúdez Dini, académico e investigador en Historia del Arte, en entrevista para LADO B, considera que existe una tradición en México de vincular prácticas artísticas con movimientos sociales. Y opina, además, que no solo se trata de individuos o artistas que quieren colaborar con movilizaciones, sino al revés: movimientos auto organizados que, desde el anonimato, utilizan o experimentan con prácticas creativas.

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Renato Bermúdez asegura que lo idóneo es ver el vínculo entre la demanda social y el o la artista desde una relación transversal, en donde no se idealiza al arte como un ente que llegue a dotar de un conocimiento especializado a la movilización, sino como un acompañamiento horizontal. Existen “interconexiones de un lado al otro, que hacen entrar y salir a esos movimientos artísticos y a lo artístico de esos movimientos”, explica. 

No está dicho que los movimientos sociales sean fomentados por el arte, pero hay casos de que se dan producciones artísticas o formas que sí encuentran cómo articularse con movimientos sociales, piensa Nina. Incluso hay formas de arte que se desprenden de movimientos sociales, asegura.

Están emergiendo figuras de artistas que tienden menos a una producción autoral y más a una producción que surge desde prácticas más colectivas, más vinculadas a la observación y escucha de contexto, cuenta la historiadora. Ella cree que las prácticas artísticas pueden acompañar un proceso de reflexión y que tienen la capacidad de visibilizar las luchas sociales. 

Arte comunitario y luchas en Puebla

El arte como una forma de escucha, reflexión y protesta

Foto: TaTalimalakatsikinan Naku

Jannette Calvario “Jan”, integrante de la Brigada de arte comunitario, Talimalakatsikinan Nakú-Creando con el Corazón, asegura que la misión de la colectiva es “llevar el arte a espacios vulnerables”, lo cual se ha logrado implementando estrategias multidisciplinarias con la ayuda de poetas, narradores orales, músicos o actores y actrices de teatro en la región del Totonacapan, en los estados de Puebla y Veracruz. 

La brigada es multidisciplinaria, cuenta Jan en entrevista para LADO B. Esto se logra gracias al sentido de comunidad y participación de varios artistas, aplicando siempre una metodología de acción en las localidades a las que acuden: primero hacen un diagnóstico, y de eso dependerá el arte que lleven. A veces es un mural, otras obras de teatro, a veces cine comunitario, etcétera.

La integrante de la colectiva asegura que el acompañamiento a las luchas que están resistiendo en las periferias de la ciudad de Puebla y en la Sierra Norte es vital para entender la causa del arte en comunidad, como el Proyecto Integral Morelos, el proyecto hidroeléctrico en San Felipe Tepatlán o las minas de Ixtacamaxtitlan.

“Le apostamos a que el arte y la cultura cura, a que puede reparar heridas sociales muy grandes como pueden ser las desapariciones forzadas o la explotación ambiental”, dice Jan. 

Liliana Martínez, habitante de San Juan Bautista de la Laguna, Jalisco, participó en la última semana cultural de la Brigada de Arte, Creando el Corazón, que realizó el viaje desde Puebla a esa entidad para unirse a la lucha del pueblo en contra de los proyectos en contra del medioambiente, tales como, la construcción de gasoductos. 

Martínez asegura que la lucha y la resistencia de sus procesos comunitarios “florecieron” gracias a la intervención de la brigada, pintando ocho murales en la comunidad, integrando a las y los habitantes. Considera que los murales fueron un canal de diálogo que acercó más a las personas de la localidad, trabajando los temas y “socializando el problema por primera vez”.

“Niñas y niños se apropiaron de la barda”, cuenta la habitante del pueblo. Resalta que esta actividad cambió la narrativa de la lucha, rompiendo con el estigma de que la comunidad “luchaba contra el progreso” y cambiándolo por la idea de que “luchaban por la naturaleza y la vida”. 

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Las luchas en la capital

El arte como una forma de escucha, reflexión y protesta

Foto: TaTalimalakatsikinan Naku

En la ciudad de Puebla, Carcará y su banda La Trola han creado música desde las calles y por las calles, retratando sus problemas y señalando las injusticias que viven las personas en contextos de segregación urbana. Ellos presentan sus canciones en el Foro Karuzo, ubicado en el centro de la capital. 

Cada pieza se crea conforme al entorno y a las problemáticas que cada artista observa a su alrededor, explica Arturo, quien desde pequeño ha boteado (tocar la guitarra y pedir cooperación) en los camiones y en los restaurantes de la ciudad. La violencia en las calles, por ejemplo, la señala en su canción “Calle 2”. 

El cantautor logra retratar temas de la realidad nacional. Con sus canciones “se entendía que hablaba de la problemática de México; en cada barrio y cada ciudad pasan estas cosas”, dice. Canciones como “Billete de cien”, sobre un botero que sobrevive con 100 pesos y “El gas” donde habla sobre el pago de gas, luz, renta y el agua, son algunos ejemplos de ello.

Quetzalli Sarabia, integrante de la colectiva “28 de Octubre” de Puebla, que defiende el derecho al trabajo con acceso a una solvencia económica para una vida digna, asegura a LADO B que Arturo y La Trola les han acompañado con varias canciones, pero que la más emblemática ha sido “Meztli”, sobre su hermana e integrante de la organización, Meztli Sarabia, asesinada el 29 de junio del 2017 en el Mercado Hidalgo. 

Sarabia explica que en ese momento buscaban hacer la denuncia no únicamente con protesta, sino llevarla a la parte artística para que la gente entendiera el dolor que estaban sintiendo. A Arturo le contaron el suceso y el cantautor decidió, con su obra, resaltar que la lucha de Meztli había trascendido, convirtiéndose en un himno para la organización. 

“Desde que Arturo nos obsequió [la canción] la hemos hecho sonar mes con mes cada día 29 en nuestros centros de trabajo”, cuenta Quetzalli. Ella se refiere al acompañamiento de Arturo no como “algo que va a adornar”, sino que es parte de la protesta en sí. 

Centralización del arte

Foto: TaTalimalakatsikinan Naku

No todo el arte tiene la intención de dar un mensaje de lucha social. Nina Fiocco considera que son muy pocos los artistas que buscan tejer prácticas situadas en las comunidades y problemas sociales, ya que la mayoría son discursos de afirmación personal y no vienen desde la escucha. Advierte que es difícil hacer arte en movimientos sociales si se confía únicamente en los parámetros del arte contemporáneo, que tienen lenguajes muy rígidos. 

“Nuestro trabajo siempre es parte de la comunalidad”, cuenta Jan. La artista plástica asegura que la brigada trabaja bajo un sentido comunitario de autogestión con un enfoque estético colectivo en las periferias del estado, señalando al canon de arte occidental que, en sus palabras, individualiza la creación artística y rompe con la comunidad.

Arturo, desde su experiencia, explica que en la ciudad las influencias académicas, políticas y económicas, consumen y promueven música que replica las realidades desiguales, mientras que las y los músicos que tocan temas de demanda social, son segregados a barrios que, de igual forma, están olvidados por parte del Estado. Asegura que hay gente “muy clavada en la intelectualidad pero sin solidaridad” y sin un enfoque comunitario. 

Al respecto, el músico considera que la censura en este sistema no es explícita para las y los artistas en las luchas sociales. Asegura que no se necesita que “manden un policía en tu calle”, ya que simplemente con su arte basta para tener censura sistemática, omitiendo su obra de varios establecimientos por considerarla diferente o demasiado reactiva. Explica que son canciones que, por ejemplo, nunca estarán en las radios populares debido a su contenido. 

Desde la brigada de arte, Jan explica que se han organizado de esa forma porque consideran que siempre se ha pensado en la ciudad y que con ello, la lucha se centraliza, asegurando que nunca se voltea a ver a los otros estratos en situaciones adversas en las periferias. “No puedes cerrar los ojos y omitir que la realidad existe”, señala por su parte Arturo, considerando que es una forma de censura muy fuerte.

Por su parte, la escritora de narrativas sociales, Judith Santoprieto, dijo a LADO B que, por ejemplo, sus poemas sobre desaparición forzada buscan “hackear” las obras convencionales, tomando otros aspectos que las madres de las víctimas plantean desde sus ideas, evitando la revictimización y viviendo en su contexto real, evitando que su poesía no sea ajena a la realidad de las víctimas. 

El acompañamiento cultural en las luchas sociales

Foto: TaTalimalakatsikinan Naku

Jan explica que la misión de la brigada es acercarse a las luchas para dar un acompañamiento cultural. Judith Santoprieto, al respecto, explica que una obra desde una lucha social debe estar en constante compañía con las víctimas o personas afectadas; es decir, escribir a partir de su experiencia.  

Es una relación más bidireccional, considera Renato Bermúdez. 

Para Nina Fiocco, lo ideal es que crezca el número de artistas que rompan con las formas tradicionales y que se alejen de las prácticas solitarias, enfocándose a más a las comunidades.

Santoprieto, por ejemplo, está escribiendo La espina en la memoria, un libro de poesía que tiene su base en el tema de la desaparición forzada, desde una perspectiva cercana a las familias. Ella decidió acompañar a las víctimas con su arte, esperando que sean ellas las que propongan los temas, evitando llegar ella a imponerlos. 

“Justo con esta herramienta tan noble [el arte], podemos trabajar discursos críticos y discursos más complejos de una forma más integral”, asegura Jan.

 

*Foto de portada: TaTalimalakatsikinan Naku

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Ray Ricardez