Filth, Irvine Welsh y la otra cara de lo grotesco
Considerado como autor de culto, y participante del movimiento punk en Londres, aunque luego integraría en su haber el movimiento house.
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
28 de agosto, 2016
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Foto: Alberto Gamazo. Tomada de jotdown.com

Héctor Jesús Cristino Lucas

[dropcap]C[/dropcap]onsiderado como autor de culto, y participante del movimiento punk en Londres, aunque luego integraría en su haber el movimiento house. Sus obras han trascendido esas líneas imaginarias que llamamos fronteras, y las adaptaciones cinematográficas de sus libros que han sido capaces de capturar un peculiar estilo, entre lo grotesco y escatológico, con fines de crítica social y hasta política contribuyeron a crearle ese estatus de culto: Irvine Welsh, cuya irrupción y auge en el cine se dio en la década de los 90s y continuó en el nuevo siglo. Sin embargo, Welsh es de esos autores de los que se hablará por mucho tiempo. Ya hace unos ayeres comentábamos del 20 aniversario de Trainspotting, el clásico juvenil adaptado por Danny Boyle, y su tan esperada secuela, Porno, ya en realización.

Sin embargo, Boyle no es el único que ha logrado adaptar de manera formidable alguna de sus historias. Paul McGuigan también lo logró con la excéntrica y homónima The Acid House en el 2001; tres historias extrañas y psicodélicas: The Granton Star Cause, A Soft Touch y por supuesto, Acid House, del que Welsh mismo escribió el guión, aunque él mismo reconoce lo complicado que fue. Y recientemente una nueva adaptación al trabajo del escoces vio luz en el 2013, y pocos supieron de ella, quizás por el escaso auge que recibió en sitios críticos especializados como Rotten Tomatoes. Filth es nuestra cita de hoy. El metraje dirigido por Jon S. Bird se calificó como: “deformado, sucio y desagradable, hace honor a su título espléndidamente.”

Resulta gracioso que una película de este tipo tenga una calificación tan baja por los elementos más distinguibles de la literatura de Irvine Welsh. El Trainspotting amado por todos, de hecho, aún continúa en eterna contienda por quienes no ven nada interesante en su argumento. Otros en cambio, y de los cuales me uno, comprenden el estilo como una forma de representación social. Metafórica a veces pero realista también, de una sociedad inglesa de la cual el autor presenció en su juventud. De ahí que sus historias y personajes mantengan un extraño y visceral estilo bastante distinguible. Y Filth sin duda alguna no es la excepción.

Para aquellos familiarizados con la novela deben estar preguntándose cómo es que se consiguió la adaptación de una historia tan difícil de traspasar a la pantalla. Pero es momento de dejar de preguntárnoslo, porque vaya trabajo de Baird. Vaya ingenio y coordinación entre la literatura y el séptimo arte. En su momento se cuestionó lo mismo de Trainspotting, cuyo complicado estilo fue manejado por Boyle con gran maestría y distinción. Tanto así que recibió una importante nominación Oscar a Mejor Guión Adaptado en 1997. Pues bien, Baird no es ningún Boyle, y entendamos también que Filth no es ningún Trainspotting, pero sí es Irvine Welsh en su máxima potencia.

Y es aquí donde nos preguntamos entonces, ¿qué nos toparemos con esta nueva adaptación? Pregunta fácil, respuesta complicada. De hecho, Welsh llegó a comentarle al autor que Filth es su libro más complicado precisamente por las alegorías y las metáforas. Nos sumerge en una historia que va entre el cine negro, la comedia políticamente incorrecta y un ya distinguible thriller psicológico sórdido ligado, por supuesto, al mundo de las drogas. Toda esta amalgama de géneros en una sola historia fue el reto para Baird;  un reto que he de decirlo, funcionó, y pese a lo que la crítica diga, el autor le dio su completa aprobación.

De hecho, y aquí un dato curioso que pocos saben, Irvine Welsh, luego de recibir un sinnúmero de críticas flojas y descafeinadas tras adaptar The Acid House en el 2001 decidió dedicarse a la literatura sin interés alguno de adaptaciones cinematográficas. No fue hasta pleno 2013 que John S. Bird le haría cambiar de opinión. Filth es entonces, y aunque suene pretencioso, el trabajo que animó a Welsh para que continuasen adaptando sus trabajos a la pantalla grande. De hecho, fue tanto el fanatismo que le causó, que el mismísimo autor prometió a Baird tatuarse la portada de la película si éste la terminaba con éxito. Y lo hizo.

Debemos agradecerle a Jon S. Baird por esta película, ya que sin ella no hubiésemos tenido la posibilidad de una secuela cinematográfica de Trainspotting. Y Porno, ahora es una realidad.

Y es de alagarse hasta el cansancio. Welsh dijo que Filth fue es su novela más complicada, y Baird, la película que más le causó problemas en su vida. Ambos trabajaron juntos para que se llevase a pantalla, y hablo enserio cuando les digo que si son arduos seguidores del autor no deben pasarla por alto. De hecho, hay críticos quienes relacionan el film con muchas otras películas. Un halo bastante similar tanto al personaje como a las ambiciones del polémico Jordan R. Belfort de The Wolf of Wall Street. Otros apuntan que su thriller psicológico roza con elegancia al Fight Club de Chuck Palahniuk pero sin duda alguna, su protagonista, el violento y desagradable detective Bruce Robertson, nos recordará al Álex de A Clockwork Orange.

El director confesó haber pasado horas leyendo la novela de Anthony Burguess y visto la película de Kubrick para hacerlo su principal referente, ya que en la novela de Welsh el parecido era tan grande que el personaje parecía más una especie de homenaje. Curioso, porque al analizarlo a fondo esta es una verdad irrefutable. Y es que este personaje se ha vuelto, desde el Álex de Burguess, en uno de los antihéroes más icónicos del cine. Para semejante papel era necesario un trabajo exhaustivo y James McAvoy -el mismo que será antagonista en el nuevo film de Shyamalan Split– hace un estupendo trabajo dándole vida a este pintoresco personaje.

Lo curioso de todo es que este actor no iba a encarnar a este personaje originalmente. El director ni siquiera lo tenía considerado, sin embargo, McAvoy mismo le insistió en que le dieran el papel. Ante esto, Baird contó al diario El País lo siguiente:

[pull_quote_center]Él leyó el guion, me escribió un email ofreciéndose. Seguía sin verlo. Pero quedamos, me habló de su pasado en un barrio duro de Glasgow, de los problemas mentales de un familiar suyo. Me cambió mi percepción sobre él en 10 minutos. Además es un tipo hilarante, sorprendente, lo que ayudó mucho en el rodaje.[/pull_quote_center]

Después de ver a James McAvoy en Filth les confieso que su personaje de Charles Xavier en las películas de X-Men dejarán de ser el principal referente de este actor.

Filth

Tomada de 20minutos.es

Filth sin duda es una joya destinada a convertirse de culto. Irvine Welsh la amó, y aunque la crítica no está del todo convencida, es una excelente adaptación que recupera el estilo contestatario de su autor. Su inquietante surrealismo sórdido, y su visceral y desagradable alma grotesca. Comedia políticamente incorrecta y uno de los thrillers psicológicos más notables de los últimos años. James McAvoy está espléndido, destacando por sobre el resto, y el manejo de cámara es una ventaja más que hay que anotarte a su director Jon S. Baird. Una de las mejores adaptaciones que haya tenido la dicha de ver, cuyo desenlace es espléndido, impredecible y sobre todo, de muy mal gusto, pero sin dejar de lado la crítica social. En esta ocasión, a las figuras de autoridad.

Pareciera que estamos frente a un nuevo Trainspotting, pero no lo es con exactitud. Pareciera el excéntrico y comiquísimo trabajo en The Acid House pero existe gran diferencia entre ellas. Su escatológica esencia toma rumbos diferentes, Filth es única. Es Irvine Welsh recordándonos por qué le amamos; recordándonos su estilo y naturaleza, pero dentro de una historia nueva e impredecible. Es Irvine Welsh y su otra cara de lo grotesco.

Sinopsis:

El detective Bruce Robertson (James McAvoy) es el detective de policía más maleducado, pervertido, misántropo y adicto a las drogas y al sexo de Edimburgo. A pesar de ello, Robertson quiere un ascenso. Claramente es la persona adecuada para el trabajo; el resto de sus colegas son idiotas. Desafortunadamente, ha habido un asesinato y el jefe de Bruce quiere resultados. No hay problema. Él está al mando y cuando resuelva el caso y consiga el ascenso su mujer volverá con él.

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com